Airbnb en El Met



Adquirí una de esas experiencias de @airbnb para tener un guía en el #met y me encantó cómo alguien en horas logra transmitirte conocimientos que demoró quizá años en adquirir.
Luego de habernos presentado, 3 parejas de 60+, la guía y yo, empezamos nuestro tour. El señor de la pareja canadiense me dijo, “He ido a Machu Picchu, es maravilloso”, con un remanente gesto de encanto robado de su memoria. Le sonreí y le dije que, efectivamente Cusco es una ciudad muy especial en el mundo.

Mientras nos adentrábamos en el Hall Egipcio recordaba muchos otros momentos donde era una de las más jóvenes entre mayores, en el teatro, en la ópera o un concierto de música clásica. Es agradable sentir que nos damos el tiempo de apreciar las cosas bellas de vida, no sólo al final, sino durante nuestro camino.

Una de las parejas compartió que habían ido a Egipto y que era fascinante aunque les chocó la disparidad económica que presenció. Pensé que si este mundo se extinguiese mañana, qué pena habría sido no decidirme a ir por Africa o India... “Debo viajar más”, pensé.
Muchas veces me topo con gente que viaja por “el lujo”. No lo comprendo.

Viaja por la esencia.

Empezaron las preguntas, los comentarios, las observaciones, la humildad con la que estos humanos un tanto mayores preguntaban y compartían su conocimiento y aficiones. Empecé a pensar que no habría nada que yo pudiese compartirles hasta que llegamos al corredor de arte del siglo XlX. Uno de ellos había ido a la casa de Monet, cerca de Paris. No había ido, pero sabía que existía su jardín japonés y sus pinturas. Su secuencia de innumerables retratos de Rouen y su batalla con sus cataratas.

Llegamos a una de las puertas del infierno. Nadie había ido a Musée Rodin, así que vencí mi timidez y sentí que enseñar y compartir era más importante; además de sacudir a la guía un poquito. Oh Dante, y la simbología hecha por Rodin sobre la reflexión del ser humano sobre su propia existencia, dando vida a le penseur.

Justamente estas obras me habían vuelto a saludar, después de Paris, en una exposición en alguna parte de las 8k hectáreas de Stanford. Les comenté que ahí también podían ir a verlas sin ir tan lejos.

Luego llegaron Pollock, Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Renoir, Dalí, la evolución de la pintura de Picasso. Me sorprendió aprender el mito que con cada amorío cambiaba de estilo artístico. Su época azul, rosa... Que cuando visitó Africa recién pareció nacer artísticamente. Y sí, es innegable el aire de máscaras africanas en sus obras más preciadas.

Sonreí. Pues, comprobaba que efectivamente el amor toca nuestro arte. Contrariamente a que te digan que ser profesional es poner el amor a un costado, con Picasso aprendí en ese instante a aceptarme ya que muchas veces mis escritos cambian también con la persona que he querido.

Esos días en NYC comprobé que sin haber estudiado arte, podemos tener alma de artista. Esa que mueve nuestra mente. Que conecta nuestro genio con la habilidad de crear.

Al expresarNOS, expresaMOS.

Ese “yo” es también tú.

Cuando llegas al fondo de tu interior, brota tu originalidad y ahí es donde los demás se encuentran a sí mismos.

Tantas impresiones, evocaron en mí un deseo de haber vivido esa Belle Époque donde a veces los artistas se encontraban entre sí, siguiendo la sincronía que aún ronda estas eras modernas.

Al culminar el recorrido, éramos libres de ir a donde quisiéramos. Escuché que una de las parejas preguntaba dónde estaba Velázquez. Me pareció cómico pues por ese momento, podías ir a ver lo que tu genio favorito nunca pudo saber que se preservaría hasta hoy 2020 en MEME o El Met. 🤣

Dato extra: Mis compañeros imagino análogamente a su edad, se despidieron de la guía con esos apretones de mano que sueltan $.
Hahahah me dio risa no sé si yo o la situación pues para mí lo que había pagado por Airbnb era suficiente e incluso mucho para algunos. Pero ahí estábamos en el primer mundo, donde la cultura del regateo había sido reemplazada por la cultura de la propina 🤣

Comments

Popular Posts